“Compañeros, todos ustedes han padecido, durante diez años, la presidencia de un señor de origen riojano. Al principio aparecía como una suerte de personaje clonado de Facundo Quiroga. Era un caudillo federal. Piensen el subrayado en materia pilosa, que hacía referencia a Quiroga, gobernador riojano.
Sería muy interesante hacer una lectura de Facundo Quiroga y de Domingo Sarmiento a través del pelo. Fidel Castro, compañeros. Tanto es así que después se prohibieron en el ejército cubano esos excesos capilares, convirtiéndose en un monopolio del comandante. El tema del pelo. Los mozos de los restaurantes tenían prohibido usar bigote (no digo ya barba), entre otras razones porque se sospechaba que esa abundancia capilar podía desparramarse sobre una cazuela.
Confieso que ese es uno de mis dilemas: ¿Cómo no voy a estar afeitado? ¿Cómo no voy a ser civilizado?" (recuérdese, por favor, su legendario, mítico bigote) "La iconografía del mundo victoriano nos muestra a los hombres escrupulosamente afeitados. Era una infracción dejarse el bigote y a eso se adscribe Sarmiento. Tanto se adscribe Sarmiento a la afeitada, que termina calvo.”
¿Cómo no quererlo al viejo Viñas si es capaz de decir estas cosas en una clase en Puan y, encima, no quejarse de que lo publiquen? Digo, en clara oposición a otros que se niegan a que se los desgrabe por el risible miedo a que las boludeces que dicen queden - oh qué horror - escritas, impresas, legibles.



1 comentarios:
Claramente, lo que importa es la dignidad con que las dice y se desinteresa, no el culo. Digo, porque están otros que hablan mirándose el culo, a ver si se escapó alguna cagada.
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