martes 30 de junio de 2009

Seis pies, una flor

Estoy en la casa de mi abuela otra vez. Dentro de dos días hace exactamente un año que se murió. Escribo parado en el patio de loza (ya no queda ni una mesa, ni una silla en la casa), justo en el descanso donde mi abuela se sentaba todas las tardes. No se movía de acá. A veces jugábamos al fútbol, yo pateando desde la otra punta del patio, ella sentada en este lugar, como al costado del arco, atajando mis penales con una escoba.

Me puteo porque además de estar escribiendo incómodo, parado -ya lo dije-, no traje mi cuaderno. Es lo único con lo que intento no ser descuidado, casi que siempre lo logro, hoy se me pasó. Entonces busco por la casa y encuentro primero una lapicera y después la agenda de mi abuela. Es azul, de tapas duras y dice Agenda Perpetua en la tapa con unos ribetes que debieron ser dorados. Claro que me doy cuenta que se llama "perpetua" porque no tiene los nombres de los días asignados a los números del mes... pero esa atemporalidad me parece un buen gesto para el caso, bastante apropiada. Es, claramente, perenne.

Miro el fondo de tierra que le sigue al patio. Hace poco le pagamos a un jardinero para que sacara todos los yuyos y lo emprolijara. Me adelanto por el caminito de cemento, esquivo la estructura donde antes estaba la parra. Son algunos palos y caños en proceso de derrumbe pero que no se han caído todavía. La parra desapareció hace mucho; mi abuela me explicó que los pajaritos le comían las uvas y terminaron por secarla.

Paso el poste caído. Me enredo con una baba del diablo. Automáticamente me persigno contra la desgracia. No soy católico, ni siquiera muy creyente.

El árbol de pomelos sigue alto, pero completamente seco. Me encantaba usar el zapín para bajar los pomelos maduros y comerlos con azucar. La higuera ya no está, pero no me doy cuenta, sólo pienso que falta algo en ese sector de tierra. Del limonero sólo quedan unas ramas, pero el tronco desapareció. Lo peor, pienso, es el jazmín. Durante años amenazó con secarse pero todos los veranos volvía a dar racimos de capullos que mi abuela nos regalaba de manera automática a mi hermana y a mí. Este verano no salió ni una sola flor, y ya está fosilizado.

Contra la pared del fondo los árboles están grandes. Un laurel y al lado (mi vieja tenía razón) el ficus que está hermoso y alto, bastante más que la pared de la medianera. Una torcacita le remueve la tierra al ficus y cuando me acerco levanta la cabeza e infla el pecho. Cuando mi abuela murió decidimos enterrar las cenizas debajo del ficus. Nos pareció lo más apropiado.

El galpón ya está vacío; el rosal sobre el techo, escualido. Tiene dos rosas, las corto para llevarselas a M. Las primeras flores que le regalé a una chica fueron dos rosas de ese mismo rosal.

Me cuelgo viendo las anotaciones de mi abuela en su agenta perpetua, su letra de siempre como la de una nena de diez años: clara y redonda. Son notas desordenadas que me llevan de un lado a otro, y me olvido de seguir escribiendo.

viernes 26 de junio de 2009

Te aplaudo por bardero

En nuestra utopía libertaria (que es más pequeña y cotidiana de lo que realmente parece cuando aparece escrita así) nunca hubo ni habrá lugar para la autoridad. Porque si bien esto no es ni Mayo 68 ni el 69 cordobés, en todo bar donde nos sentamos a rompernos el bocho existe la tímida convicción de que estamos haciendo cosas nuevas y de manera independiente, esto es, lejos de la vigilancia y del régimen cada vez más oscuro del mercado. Por eso no nos gustan las editoriales corporativas ni los sellos discográficos, odiamos el rosqueo y nos encantaría participar en alguna orgía cocainómana de esas que saben organizar frecuentemente los artistas visuales. El susurro que crece como volcán en los baños de nuestros nuevos centros culturales es uno solo: adoramos el indie, nos autogestionamos.

El habernos convertido en nuestros propios jefes parece ser una de las pocas victorias que podemos atribuirnos como generación. Esa, y también la de mantener intacto el odio hacia la autoridad. ¿Pero qué pasaría si todo esto fuera una mentira? Si toda esta confianza en nosotros mismos, si toda esta ética exhibida como medalla de guerra no se tratara precisamente de su opuesto; si nuestro desprecio por el mainstream no fuera otra cosa que el signo clarividente de una vocación de dependencia, de una voluntad de sujeción al orden policial de la cultura y el mercado. Si toda nuestra literatura no fuera más que abono destinado al jardín de la falsa conciencia. Si la interrupción violenta al régimen de nuestra correción política no fuera obra de nuestros poetas civiles, sino de la lectura de la literatura producida por los hijos de trabajadores pobres que visten los uniformes de la PFA.

De "Literayuta: apuntes sobre la falsa conciencia", por Alfredo Jaramillo. El Interpretador, abril-mayo 2009, nº 35.


miércoles 24 de junio de 2009

Ring! (jugando al teléfono descompuesto)

Ayer estuve todo el día sin teléfono en mi casa. Mi madre llamó desde su trabajo a telechot para pedir reparación. Primero, se lavaron las manoplas: no era de la línea, dijeron, sino de uno de los aparatos. Entonces yo, como buena hija obediente que soy, me puse a hacer pruebas conectando y desconectando los dos teléfonos que tenemos en las distintas salidas para ver cuál era el fallado. Ningún cambio, todo igual. Le dije a mi madre que llamara de nuevo porque estaban equivocados. Entonces le dijeron (y presten atención, por favor, porque este argumento es increíble) que los aparatos funcionan en paralelo y que había que conseguir algún otro, de un vecino, por ejemplo, para ver cómo se comportaba la línea con eso. Sí, claro, como si mi teléfono tuviera memoria para recordar que hasta hace cinco minutos estaba enchufado en la misma línea que otro que no andaba. O como si yo tuviera tanta mala leche como para que de repente un día, de la nada, dejen de funcionar mis dos teléfonos a la vez.

En fin, lo importante en este asunto es que yo tenía razón. Un rato más tarde la llamaron a mi madre al trabajo y le pidieron disculpas porque nos estaban digitalizando la línea y por eso no nos estaba funcionando como corresponde. En el transcurso del día tenía que resolverse.

La cuestión es que ayer a la noche, a eso de las diez y media, suena el teléfono. Mi madre atiende y parece poder hablar normalmente. Una señora, Susana viene a llamarse, le cuenta que ella vive a la vuelta de mi casa y que también estuvo con problemas en el teléfono durante el día. Y ahora, parece, nos cambiaron las líneas, dice la señora: yo, para llamarla recién a usted, marqué el número de mi casa, y si usted marca el suyo suena en la mía.

Yo, mientras tanto, quiero divertirme llamándola a mi madre al celular y haciéndome pasar por alguien que la llama desde un número que no tiene registrado. Pero no sé mentir y, en el medio de la impostación, me tiento y no puedo parar de reírme.

martes 23 de junio de 2009

Encontrar mi lado salvaje

Llevo leídas dos novelas de J.G. Ballard, dos aciertos. No es nada para los varios libros que tiene, pero alcanza para respetar la lucidez de este señor escritor. Y no son dos libros principales en su obra, ni Crash, ni Noches de cocaína, ni El imperio del Sol, ni siquiera El mundo sumergido, la primer novela. Primero, leí Millenium People ( "Milenio Negro" para mi traducción), ahora Running Wild ("Furia Feroz") - vale decir: cuánto mejor que suenan los títulos originales en inglés. De otros no me quejo, estos dos resultan fundamentales-. Y así y todo, siendo dos novelas laterales - cosa que supongo sin tener demasiada idea-, así y todo, decía, es imposible no reconocer, como dije antes, la lucidez de Ballard.

La lucidez (diabólica, apocalíptica, aunque sea redundante) para ser lo que debe ser un escritor cuando escribe. Porque frente a una idea como la de esta novela, alguno de todos los boludos que anda dando vueltas por ahí - y que desgraciadamente se dedican a escribir- hubiera hecho una novela de 300 páginas, alargado cada detalle, dado vueltas y vueltas intentando lucir la prosa, reflejar los problemas existenciales que siempre debe reflejar la literatura, aunque estos sean los más mundanos. Ballard, en cambio, hizo una novelita. Y que la llame "novelita" no la desmerece. Es una novelita, tiene unas 120 páginas, se lee en dos horas y media, y uno se imagina de qué la va todo desde el principio. Casi desde la tapa.

Pero es de una lucidez abominable. Fría, un palazo a la cabeza. Seca, no se enrosca ni un segundo en el melodrama. Sólida, parece que no hubiera ficción, que no hubiera "novela" en el sentido más rosa y desmedido de la palabra, y de ahí su mayor logro ficcional. Breve, no hay nada de más. Nada. Me vuelve esa palabra a la cabeza: lúcida: es lo que tiene que ser.

*
La contratapa para que tengan un poco de la historia:
"En Pangbourne Village, una urbanización de superlujo en Londres, viven unas pocas familias de muy alto poder adquisitivo en magníficas mansiones y con todo tipo de servicios exclusivos. Su vida se rige por una estricta planificación que pretende dar a sus hijos el ambiente más favorable para su crecimiento. Pero una mañana todos los adultos aparecen asesinados y los niños han desaparecido. La policía, desorientada en la investigación, recurre al psiquiatra Richard Greville."


Estoy seguro que cualquiera de los autores a los que estamos acostumbrados se habría metido excesivamente con el psiquiatra Richard Greville, su relación con la policía, las reflexiones sobre la sociedad moderna. Las hay, hay de todo eso, poco, lo necesario, lo medido, y por eso también resulta un libro desolador. Casi una crónica periodística armada desde la literatura, desde la mejor literatura y con la mejor conciencia literaria, esa que descree de que la literatura tenga que dar tantas explicaciones. O en todo caso, no más que las que forman parte de la historia. Porque todo el resto es realidad, nada interesante.
Seguiré con J.G., ya ha cautivado mi corazón.

*Fotos by Mags

jueves 18 de junio de 2009

El chabón azul

Hace rato que intentamos sumarlo al staff de los Cieguitos, pero no hay caso. Ya le ofrecimos de todo: dinero, fama, mujeres, droga, chiches tecnológicos. No agarra nada, al pibe le gusta tomar té de jengibre, canela y miel, disfrutar la filosofía, y usar Linux. Hasta ahora no hemos podido comprarlo, sólo logramos que aparezca en los créditos del staff al costado y nada más. Nuestro amigo Fran sigue colgado de su Hamaca Paraguaya, escribiendo por las suyas.
Pero el otro día, con cierta tranquilidad, empezó un nuevo blog, de esos desde la comunidad para la comunidad, y nos invitó a hacerle el aguante. Está subiendo lindos discos para que cualquiera descargue, por lo que vi hay de todo un poco pero con cierta distinción, cosas que desconozco por completo pero que no dudo estarán muy a la altura de las que sí conozco. Tipo de azul se llama el blog, pueden darse una vuelta y pispear qué hay para bajar. Los Cieguitos colaboraremos con el honrado proyecto.


El gusto es mío

Voy a hacer algo que ayuda a desmentir un refrán -un refrán que, por cierto, es falso hace tiempo, con o sin mi intervención-: voy a escribir sobre gustos (no con la intención de aportar a la falsedad del refrán, claro está).
Cada tanto uno descubre patrones, denominadores comunes en sus gustos, especialmente en lo que refiere a personas (y más aún a personas del sexo opuesto – o del mismo sexo, según sean, justamente, los gustos de cada uno). En mi caso particular, hace años que sé que encuentro un atractivo especial en los hombres músicos. Y sin embargo, pese a que es algo que sé hace tiempo, no dejo de descubrirle a este gusto nuevas facetas.
La semana pasada iba arriba de un colectivo, sentada atrás de todo, casi dormida, cuando de repente se subió un muchacho que inmediatamente llamó mi atención por sus, digamos, excepcionales cualidades físicas. Ya estaba yo cerca de mi casa, así que me paré en la puerta trasera que quedaba justo, oh casualidad, detrás del chico lindo y su largo cuello y sus rulos negros. Apreté el timbre lamentando con el alma tener que bajarme y noté, como quien no quiere la cosa, que mi chico sacaba un cuaderno anillado de su mochila. Y como yo estaba justo detrás de él, pude leer, sin que lo impidiera mi aguda miopía, lo que decía en la tapa: método avanzado para pianistas de jazz. Me sonreí al bajar del colectivo y me escuché decir en voz alta en el medio de la calle que incluso cuando no me gustan por eso en realidad me gustan por eso.

miércoles 17 de junio de 2009

La puta madre, loco, la puta madre!

Estoy triste. Era de lo más reconfortante escuchar a ese trolo para nada reprimido.
Un abrazo, puto lindo!!!!
Ojalá que hayas tenido una buena vida.



... habiendo tantos y tantas malgarchadas dando vueltas, vivitos y culeando...

lunes 15 de junio de 2009

Grandes reflexiones pilíferas

“Compañeros, todos ustedes han padecido, durante diez años, la presidencia de un señor de origen riojano. Al principio aparecía como una suerte de personaje clonado de Facundo Quiroga. Era un caudillo federal. Piensen el subrayado en materia pilosa, que hacía referencia a Quiroga, gobernador riojano.
Sería muy interesante hacer una lectura de Facundo Quiroga y de Domingo Sarmiento a través del pelo. Fidel Castro, compañeros. Tanto es así que después se prohibieron en el ejército cubano esos excesos capilares, convirtiéndose en un monopolio del comandante. El tema del pelo. Los mozos de los restaurantes tenían prohibido usar bigote (no digo ya barba), entre otras razones porque se sospechaba que esa abundancia capilar podía desparramarse sobre una cazuela.

Confieso que ese es uno de mis dilemas: ¿Cómo no voy a estar afeitado? ¿Cómo no voy a ser civilizado?" (recuérdese, por favor, su legendario, mítico bigote) "La iconografía del mundo victoriano nos muestra a los hombres escrupulosamente afeitados. Era una infracción dejarse el bigote y a eso se adscribe Sarmiento. Tanto se adscribe Sarmiento a la afeitada, que termina calvo.”

¿Cómo no quererlo al viejo Viñas si es capaz de decir estas cosas en una clase en Puan y, encima, no quejarse de que lo publiquen? Digo, en clara oposición a otros que se niegan a que se los desgrabe por el risible miedo a que las boludeces que dicen queden - oh qué horror - escritas, impresas, legibles.

domingo 14 de junio de 2009

Heavy metal

Lo primero que hice fue lanzar novecientos mensajes por Internet. "Mensajes en botellas", como dice Police. Los textos eran variados pero en definitiva todos decían lo mismo:
BUSCO UN HOMBRE QUE ME TORTURE SEXUALMENTE HASTA MATARME.
Por fin uno me ha respondido. Estoy muy excitada. Se llama Robert y es analista de sistemas.
Mi nombre clave es nancyconcentric.net. El suyo: slowhand.net. Espero, sí, que tenga mano lenta. Lenta pero segura.
Desde hace unos días intercambiamos mensajes eróticos. sabe que soy gordísima porque se lo dije desde un principio. No quiero defraudaciones ni estafas. Pero a él no le importa. Al contrario: le entusiasma. Dice que así hay más para castigar. Exactamente mis mismas palabras. Somos almas gemelas. Estoy muy enamorada. Me dice que desea hacerme sentir su desprecio con letra roja, viviente y de fuego. Sus palabras me llenan de ternura.

De Las gordas también viajan en Internet, de Alberto Laiseca en la antología de cuentos Los nuevos pecados capitales

sábado 13 de junio de 2009

Chupame la porcina, guachín

I
Ayer fui al mediodía a Página 12 a retirar un cheque que tenía colgado. Cada vez que entro, me acerco al escritorio de la recepción y digo que vengo a ver a alguien en particular, pasa lo mismo. Son muy buena onda, pero siempre se me quedan mirando un tanto desconcertados, como midiendo mi cara de pibe que evidentemente mi intento por dejarme la barba no logra esconder. (La escena se repite después, en el banco, frente a los cajeros que a pesar de preguntarme la edad confirman con insistencia mi fecha de nacimiento)

II

En Callao y Sarmiento, un grupo considerable de gente protestaba con banderas, una murga y un par de trompetas delante de una farmacia (una de cadenas, pero no Farmacity). Sonaba de puta madre, y me permití pensar con mucho romanticismo que tal vez no haya mejor música que la de la protesta.

III
Vi este libro en la vidriera de Cúspide. Eso se llama "nicho de
mercado". ¿Hace falta analizar algo?. Habla solito.

















IV

Recorrí todas las librerías de usados que me crucé. Revolví cada batea. Mientras me llenaba de
polvo pensaba que es como ir al casino, se trata de jugar tiempo a que tal vez pegues un pleno y te lleves por ocho pesos un inconseguible en su mejor edición.
Obviamente, no encontré nada. Nada.

V

En la librería Dickens me crucé con el libro de J.G. Ballard que compré por internet hace tres semanas, diez pesos más barato. Por segunda vez en mi historia con este fokin libro de J.G. me sentí un rookie. ¡Mierda, ni siquiera era tan dificil, estaba en Corrientes!.

VI

Terminé comprandome por casi 20 pe una novela de Juan Forn. No es nueva, pero la edición de Emecé es de mayo de 2009. La rapidez que tiene esa editorial para caer en saldos es envidiable.

VII

Cada vez que me voy a tomar el subte hago lo mismo: antes de meter el subtepass que acabo de comprar en la ranura, pruebo que ese molinete esté trabado y no tenga un viaje grátis que se ha escapado de la subtecard de algún oficinista apurado. Siempre están trabados, y a veces cuando
paso, miro, y descubro que elegí el errado.
Ayer, por primera vez, pasé. Y me guardé mi subtepass.

VIII

Hacía bastante que no la compraba. Es la poca plata y el
sentido de inutilidad. Pero ayer fue más fuerte que yo y me llevé una Barcelona.
Estos muchachos son GRANDIOSOS. Para cerrar les dejo un fragmento de una de las primeras notas. Las negritas son de ellos.

IX

Contra todos los pronósticos, el debate de ideas apareció en medio de la campaña electoral y la sociedad discute entre dos propuestas que polarizan las opiniones. Los partidarios del estatismo argumentan que es necesario dejar todo "en manos de los que manejan los hilos para no descoser el entramado social", pero los moderados refutan esa idea y apuestan a "un fuerte shock estabilizador que mantenga inalterables los valores que defienden los argentinos de bien".
La nueva dicotomía está dividiendo a los argentinos como Boca/River, peronismo/antiperonismo o tragaleche/tragasables. La oposición, que adhiere a los moderados, acusó al Gobierno, que simpatiza con el estatismo, de haber vaciado las cajas del Pami para promover el ideario estático. El oficialismo devolvió el guante al denunciar que la oposición utiliza los cientos de millones de dólares que sus dirigentes evaden al fisco para publicitar la postura moderada. La discusión es tan intensa que la Iglesia pidió una urgente "reconciliación", aunque el propio cardenal Jorge Bergoglio admitió: "El estatismo me paga el sueldo, pero mi corazoncito es moderado".
La más afectada por esta polémica es la clase media, que teme que si gana el estatismo la Argentina "vuelva al setentismo" y la situación se retrotraiga a las épocas en que no había televisores de plasma, reproductores de DVD, ni Facebook.

viernes 12 de junio de 2009

Yo le creo

Para Radar Libros
Justificar a ambos lados
La dama de la furgoneta
Alan Bennett
Anagrama

La dama de la furgoneta recopila las anotaciones del diario de Alan Bennett sobre la señora Shepherd, una anciana vagabunda que vivía dentro de una camioneta inmóvil donde acumulaba desordenadamente sus pertenencias. Como una de esas películas que en su presentación se declara “basada en una historia real”, la primera inquietud que genera el libro es respecto de su veracidad. Duda que si bien no desaparece del todo con las fotos que acompañan el texto, hace en buena medida al encanto del libro con cierto sentido menos melodramático que el de aquellas películas.

A principios de los setenta Miss Shepherd instaló su camioneta cerca de la casa del escritor; al poco tiempo, cansado de ver desde su ventana las repetidas agresiones contra la anciana, ataques sin un sentido más que molestar a la vagabunda un poco loca, Bennett le ofreció que pasara algunas noches en un cobertizo junto a su casa y luego que estacionara la camioneta en su jardín. Desde ese punto se desenrolla el resto de la historia: durante quince años hasta el momento de su muerte la señora Shepherd vivió dentro de su camioneta en la casa del escritor, en una rara convivencia desapegada.

La traducción de Una lectora poco común (pequeña novela sobre una reina de Inglaterra aficionada súbitamente a la literatura) presentaba el estilo aparentemente clásico de Bennett pero en verdad nada convencional con el que se dedicaba a construir un personaje. Este nuevo libro del premiado escritor inglés continúa con aquel estilo irónico y el objetivo monumental de describir con simpleza a un personaje más bien complejo y grande –en este caso, como en espejo de la reina lectora, una vagabunda excéntrica y fanática de los autos–. Y, sin embargo, es evidente que La dama de la furgoneta va un poco más allá en su forma no convencional, porque la escritura de Bennett parece aún más despojada e incisiva, como si evitara constantemente caer en lo sentimental o melodramático. Lo cierto es que alcanza su objetivo con soltura gracias a un muy buen manejo de los tonos literarios.

Si hay algo que lamentar del libro es sin lugar a dudas la traducción, no porque sea mala en sí, pero no parece captar por completo el tono de los monólogos de Miss Shepherd, esa oralidad representada con la que Bennett la deja hablar constantemente en el texto. Porque aunque forme parte del relato, la primera persona del escritor desaparece la mayoría de las veces para cederle todo el protagonismo a la anciana excéntrica. Algo de esa forma de construir el personaje desde la sombra, como si se hiciera a sí mismo, hace acordar al estilo de Truman Capote en Desayuno en Tiffany’s. De ahí la veracidad del relato que crece, junto a las fotos, y que, sin embargo, se pone en duda; de ahí las mejores páginas (algunas realmente notables) de la descripción desapegada que Bennett hace de la anciana. “Octubre de 1987. He estado filmando en el extranjero. –Cuando estuvo en Yugoslavia –pregunta Miss Shepherd–, ¿se encontró con la Virgen María? –No –respondo–. Creo que no. –Oh, bueno, se está apareciendo allí. Lleva varios años apareciendo todos los días.”

Casi una crónica pero sin dejar de ser nunca una novela, La dama de la furgoneta es una serie de artículos que Bennett publicó en 1989 ante la muerte de Miss Shepherd en el London Review of Books, con el agregado de una posdata para la publicación en formato libro en donde cuenta el encuentro con el hermano de la anciana y la búsqueda de algunos datos biográficos más clarificantes. Es posible clasificar este libro dentro de ese universo llamado non fiction, pero las fotos, la claridad literaria, el estilo de Bennett, lo convierten en un libro encantadoramente heterogéneo. Ni biográfico ni literario, ni periodismo ni melodrama, La dama de la furgoneta es algo más que una novela basada en una historia real, aunque su genialidad nos haga dudar.

martes 9 de junio de 2009

Quer dançar? quer dançar?

No me gusta decir esto, pero sospecho que Charly no tiene razón y la alegría es brasileña. Tenemos tanto que aprender de los brasucas, es un cliché atrás de otro pero... no es en vano la abismal diferencia entre la Samba y el Tango. Este vendría a ser un post brasilófilo.
Primero les voy a dejar un excelente disco de Marcelo D2, un hiphopero brasuca que conocimos este verano en Brasil (estuvo a principio de año en Niceto Club) gracias al tipo de la combi que nos llevó a la estación de colectivos de Floripa. Es decir, no lo conocí en persona, se entiende, pero me traje un mp3 con los discos. Seguro que se bajan de Taringa! o de cualquier otro lado, pero me gusta que vengan de algún lado, que tengan un sentido originario. Recomiendo fervorosamente que se lo bajen, no pesa mucho y es un Acústico de MTV de Hiphop-samba que vale muchisimo la pena.

O gringo subiu o morro e bebeu cachaça
Fumou maconha e obteve a graça
Depois do samba sua vida nunca mais foi a mesma

Descargá Marcelo D2- Acústico MTV


Y mientras bajan el disco, para que no se aburran mirando la computadora, les dejo un texto de otro brasileño un poco más viejo, así se divierten por dos:

Sólo la Antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente.

Unica ley del mundo. Expresión enmascarada de todos los individualismos, de todos los colectivismos. De todas las religiones. De todos los tratados de paz.

Tupí or not tupí that is the question.

Contra todas las catequesis. Y contra la madre de los Gracos.

Sólo me interesa lo que no es mío. Ley del hombre, ley del antropófago.

Estamos cansados de todos los maridos católicos recelosos llevados al drama. Freud acabó con el enigma de la mujer y con otros miedos de la psicología impresa.

Lo que atropellaba a la verdad era la ropa; el impermeable entre el mundo interior y el mundo exterior. La reacción contra el hombre vestido. El cine americano informará.

Hijos del sol, madre de los vivientes. Encontrados y amados ferozmente, con toda la hipocresía de la nostalgia, por los inmigrantes, por los traficados y por los turistas. En el país de la cobra grande.

Fue porque nunca tuvimos gramáticas, ni colecciones de viejos vegetales. Y nunca supimos lo que era urbano, suburbano, fronterizo y continental. Perezosos en el mapamundi de Brasil.
Una conciencia participante, una rítmica religiosa.

Contra todos los importadores de la conciencia enlatada. La existencia palpable de la vida. Y la mentalidad pre-lógica para que la estudie el Sr. Lévy-Bruhl.

Queremos la Revolución de los indios Caribes. Mayor que la Revolución Francesa. La unificación de todas las revueltas eficaces en la dirección del hombre. Sin nosotros, Europa ni siquiera tendría su pobre declaración de los derechos del hombre.
La edad de oro anunciada por América. La edad de oro. Y todas las girls.

Filiación. El contacto con el Brasil Caribe. Où Villegaignon print terre. Montaigne. El hombre natural. Rousseau. De la Revolución francesa al Romanticismo, a la Revolución Bolchevique, a la Revolución Surrealista y al bárbaro tecnificado de Keyserling. Caminamos. [...]

Oswald de Andrade - Manifiesto antropófago



miércoles 3 de junio de 2009

Y dicen que soy abushido

Para Radar Libros

La estepa infinita
Esther Hautzig

Salamandra
215 páginas
La estepa infinita es un relato autobiográfico en el que Esther Hautzig rememora cómo ella, sus padres y su abuela fueron deportados de su hogar en Vilna, acusados de ser capitalistas en un nuevo territorio soviético durante la Segunda Guerra Mundial. La novela describe minuciosamente los cinco años de la familia en Rubtsovsk, un pueblito de la estepa siberiana donde junto a otros deportados la pequeña Esther busca un modo de sobrevivir.
Para Hautzig, la reconstrucción del pasado es una parte fundamental de su exilio. La abuela y otra anciana rememoran a sus maridos “como si estuviesen forjando la armadura de sus respectivos caballeros”; la pequeña Esther busca siempre recordar la buena vida que tenía en Vilna, ciudad que es en realidad una “reliquia familiar”, antes de la deportación. Es la posibilidad de narrar los recuerdos lo que aparentemente le permite salir adelante. Y tal vez sea por eso que el éxito de la novela en el exterior haya estado relacionado con cierto optimismo infantil - no del todo creíble— en la manera de contar episodios funestos.
“No me habría quedado más sorprendida si me hubiera dicho que nos habían trasladado a la luna.” La estepa siberiana la sorprende justamente porque no es un terreno fértil para imaginarle un pasado, así como tampoco lo es para conseguir alimento.
Lo que Hautzig parece querer reconstruir no es solamente su vida en la cruel estepa siberiana sino toda una memoria familiar que empieza a venirse abajo cuando su madre le prohíbe llevar al exilio el álbum de fotos de la familia. Aprender a hablar en ruso y vencer el frío para ir a la escuela es para Esther la única manera de conectarse con un espacio que ha despojado a su familia de todas sus pertenencias y de todos sus vínculos.
Esther Hautzig escribió La estepa infinita por sugerencia de Adlai E. Stevenson, un diplomático norteamericano que viajó a Siberia cerca de veinte años después de que la autora volviera de su exilio. La novela le dio un gran renombre como escritora —fue nominada al National Book Award en 1969—. Sin embargo, recién cuarenta años después, en 2008, fue traducida al castellano. Encarar la escritura veinte años después de los hechos le generó a Hautzig una dificultad en la elección del género. La novela está a mitad de camino entre la memoria y el diario. No se decide a poner una distancia de tiempo y espacio que permita a la narradora tener voz de mujer crecida. Tampoco termina de construir un diario impostado para que la inmediatez de los hechos empape de oscuridad la manera de contarlos. Ninguna de las dos alternativas parece suficiente para rememorar grandes sufrimientos y entonces Hautzig usa ambas como si no hubiera realmente una diferencia.
Si la autobiografía supone la necesidad de un recorte, la autora incurre en el intento de contarlo todo. Nada de lo vivido en esos cinco años parece quedar afuera de la novela. Eso vuelve a La estepa infinita un relato indudablemente fuerte y, al mismo tiempo, hace que muchos saltos temporales sean bruscos y que las minucias de una vida sufrida sean difíciles de digerir.

lunes 1 de junio de 2009

Dance with me - Rockanrolla

Quiero inaugurar mi aporte un tanto más material a la comunidad virtual. Yo creo fervientemente en experiencias como Taringa! y demases. O los muchachos con blogs de descargas. En fin, soy incapaz de llevar a cabo una cosa así. Sobre todo por paja y falta de capacidad. Pero cuando pueda me voy a colgar algunas cositas por acá.


Tengo una banda de pelis pero no sé por qué me pintó empezar por Rockanrolla. Supongo que porque la vi hace unos cinco días. No será lo mejor, Guy Ritchie puede dar bastante más, pero viene muy a tono con la inspiración-arte callejera y pseudo-cabeza que tanto me gusta en los últimos meses. Me quedó grabada la música en la cabeza, como un martillo, desde que la vi, machacandome. Creo que eso ayudó. ¿Estoy mal o piensa hacer una secuela de esto?. En fin, la prefiero por sobre otras bestialidades estrenadas que ni siquiera me llaman la atención.
Una apreciación: si hay algo más lindo que escuchar hablar Inglés a un inglés, es escucharlo hablar slang y/o sus derivaciones regionales.

Está en formato .rmvb (real media), y no recuerdo de quién lo bajé pero supongo que los créditos serán para Fanático.
Los links para los interesados en bajar Rockanrolla:
Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4
Parte 5